En primer lugar, debemos considerar qué es un bono. Es un instrumento de renta fija, que puede ser emitido por el Estado (nacional, provincial o municipal) o por empresas (emisores privados), con el objetivo de obtener financiamiento para llevar a cabo los gastos o inversiones que consideren necesarios.

¿Qué significa renta fija? Implica que la tasa de interés que pague el bono ya está pactada en el momento de la emisión, por lo que ya se sabe con anticipación la rentabilidad de esta inversión. Justamente por esto, a priori, se la considera una inversión poco riesgosa.
Hay dos conceptos fundamentales a la hora de hablar de renta fija.

El primero es el de amortización y el segundo es el de renta. La amortización de un bono implica determinar el momento en el que el inversor recuperará el capital invertido.

Es decir, si alguien invierte 1000$ en un bono, el tipo de amortización nos dice si esos 1000$ se recuperarán periódicamente, o todo junto en el plazo predeterminado. La renta de un bono se refiere al pago de intereses, como compensación por el capital invertido.

Cómo y cuándo se pagan forma parte de la negociación a la hora de la emisión. Pero podríamos decir que principalmente, el pago puede ser de dos tipos: Periódicos (por ejemplo, que cada 6 meses el inversor puede ir cobrando parte del total de los intereses), o total (todo el interés por la inversión se paga al vencimiento del plazo prefijado).

Ahora bien, si es poco riesgosa ¿Por qué sucede que cada país paga una tasa de interés distinta? Esto se debe principalmente a la confianza que los mercados tengan en que ese país o empresa pague el capital y los intereses pactados, en el momento previamente dispuesto.

Aquí entra en juego el famoso “riesgo país”, tan mencionado en la actualidad económica de la Argentina. Esto se refiere a la tasa adicional interés (en relación con la tasa de interés de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, considerados los menos riesgosos del mercado) que los inversores le exigen, particularmente al Estado nacional, y en su defecto a las empresas de un país, para prestarle dinero.

Entonces, y retomando los conceptos de confianza y de riesgo, a mayor confianza, menor el riesgo país, por lo que menor la tasa de interés que un Estado debe pagar para financiarse.

Las principales características que se deben tener en cuenta a la hora de analizar la inversión en un bono son:

  1. Plazo de emisión: Significa en qué fecha vencen los bonos, y pagan el interés. Estos pueden ser de corto plazo (meses), mediano, o muy largo plazo (décadas).
  2. Moneda de emisión: En que moneda se emite y se paga el interés. (pesos, dólares, etc.).
  3. Amortización: Pueden ser amortizaciones periódicas (trimestral, semestral, anual, etc.), o de pago total de los intereses y del capital invertido al vencimiento del plazo.
  4. Tasa de cupón: Principalmente se encuentran la tasa fija (por ejemplo, que el bono pague 5% anual), o la tasa variable, que está relacionada a otra variable económica (por ejemplo, un bono paga 5% + la tasa de inflación del país).

Un bono puede ser adquirido por el inversor en el mercado primario, participando de las licitaciones públicas en el momento de emisión del bono, o en el mercado secundario, que implica que el inversor adquiere estos títulos de deuda a través de un agente del Merval, posteriormente al momento de la emisión.

En el mercado secundario es en el que el precio de un bono puede subir o bajar, dependiendo, claro está, de que tanto quieran los inversores adquirir títulos de deuda en esa empresa o Estado.

Aquí nuevamente nos encontramos frente a un concepto fundamental en el mercado de capitales, que es el de la confianza.

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